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El sol y sus efectos en la piel infantil

La luz solar es fundamental para la síntesis de la vitamina D, sin embargo la exposición en exceso y sin cuidados especiales al sol puede tener graves consecuencias.

Durante los primeros seis meses de vida los bebés no deberían ser expuestos al sol incluso con protección.

Efectivamente, pediatras y dermatólogos no aconsejamos usar cremas de protección solar antes de los seis meses e incluso recomendamos usarlas con precaución antes de que cumplan un año.

Entre los seis y los doce meses se pueden empezar a usar protectores solares con precaución en zonas como la cara y las manos que no están cubiertas de los rayos solares.

Ésto no quiere decir no sacarlos de casa en los días soleados, sino    que no deberíamos exponerlos a la acción directa de los rayos solares o en forma prolongada durante más de 10 minutos.

Con unos minutos de paseo es suficiente para que sinteticen la vitamina D que necesitan sus huesos.

Para proteger a tu bebé del sol deberás vestirlo con ropa adecuada que aumente la protección solar: con un sombrerito o gorro con visera, ropa de colores claros de algodón, etc.

Los parasoles o sombrillas no protegen de los rayos ultravioleta, ya que estos caen verticalmente, rebotan en el suelo y llegan a las personas reflejados en diagonal. Si bien, estas radiaciones no producen calor pueden quemar a los niños incluso si hay brisa o cielo nublado.

Los ojos también deben defenderse de los rayos solares. En los primeros meses es suficiente con poner una gorra al bebé, después es mejor ponerle unas gafas de sol.

En este post profundizamos un poco más sobre los riesgos de sol en la piel de los bebés y niños, cómo protegerla y cuidarla, porque como ya sabes “La piel tiene memoria “.

Existen cada vez más evidencias que demuestran que la exposición a los rayos de sol en los primeros años de vida puede ser el origen de tumores de piel (melanomas) que se diagnostican 40 ó 50 años más tarde. Se ha probado que la radiación solar durante la infancia tiene la capacidad de iniciar el proceso mutagénico que desencadena el melanoma.

Es importante tener en cuenta que la piel de los niños al poseer menos melanina es más sensible que la piel de los adultos a las radiaciones solares y tiene menos mecanismos de defensa. Los protectores solares de mayor cobertura para la piel son los de “amplio espectro”. Se llaman así porque bloquean tanto los rayos UVA como los UVB.

En niños pequeños conviene usar un FPS (Factor de Protección Solar, en inglés Sun Protecting Factor – SPF ) de 30 o más y nunca con un índice inferior a 15. Cuanto más elevado es el FPS más protección proporciona. Para interpretar correctamente los números de los índices de FPS, hay que tener en cuenta que la diferencia entre un filtro con FPS 15 y otro de FPS 30 no es del doble de protección. Un filtro solar de FPS 15 deja fuera el 93,3 por ciento de la radiación UVB, mientras que otro de FPS 30+ conseguirá añadir un 3 por ciento más de eliminación o absorción de esos rayos UVB, y el de FPS 50 filtrará un 98%.

Una quemadura de sol es el resultado de una exposición excesiva a la radiación ultravioleta (UV) del sol. La piel de un bebé es muy fina y delicada y se puede quemar aunque seamos muy precavidos, ya que una exposición al sol de solamente diez a 15 minutos puede bastar para quemarla. El bebé puede quemarse incluso en un día nublado o frío, porque no es la luz visible del sol ni el calor lo que queman, sino la radiación UV que es invisible. Las quemaduras de sol pueden ser dolorosas y también pueden causar problemas más serios, como deshidratación y fiebre.

Las cremas y leches que contienen en su composición agentes hidratantes son los fotoprotectores más indicados para los bebés y los niños. Las soluciones alcohólicas que están presentes en algunas lociones y geles tienen un efecto secante que conviene evitar en la piel de los niños y, que en cambio es recomendable en pieles grasas o con tendencia al acné.

Si se está en la playa, en el campo o en el parque, después de sudar o de nadar con la piel seca, siempre aplicar y reaplicar la loción protectora. Hay que recordar pues que todas las medidas para protegerlos y protegernos del sol son pocas.


Dra. Montserrat Pérez  – Dermatóloga (Nº col 10630)

Clínica Dermatológica de Moragas - Carelia Petits